Con nocturnidad y gallardía, así es la vendimia en la Ruta del Vino de Rueda 

Cae la tarde en la Ruta del Vino de Rueda y con ella comienza de nuevo la labor en el campo. En la noche puntos de luz recorren el horizonte, aquí y allá, se puede observar el movimiento algo pausado desde la lejanía. A pie de viña todo parece rápido y preciso descubrimos a los operarios encargados de la vendimia mecanizada. Dirigen auténticas máquinas de precisión que, perfectamente parametrizadas, recorren lineo a lineo las extensas hectáreas de viñedo en espaldera, vareando las cepas y obteniendo a su paso los racimos más óptimos para su recolección. De la máquina al remolque se vuelcan las uvas despalilladas, estas máquinas ayudan en la labor, y de ahí el tractor conduce la recolección hasta la bodega.

A su llegada y tras la “pesada” de la uva se “acula” el remolque para volcar la uva en la tolva y ahora como si de un ritual de efectos especiales se tratara se adiciona frío, un frío moderno, en forma de hielo de seco. Todo para evitar el contraste térmico en la recepción de las uvas, para mimar al máximo a las mismas. Del ensordecedor ruido de los remolques y tractores, nos adentramos en las bodegas donde el silencio impera, las enólogas y enólogos  recorren las salas de depósitos y supervisan los trabajos de los operarios de bodega.

Aquí la vendimia transcurre durante toda la noche, y cuando amanece se relevan las tareas, vendimia “non-stop” de noche al día y de día a la noche. Con el relevo matutino,  los trabajos se suceden en la bodega con la quietud y el desarrollo natural de los primeros pasos de la elaboración del vino blanco.

Con el alba,  la máquina en el viñedo da paso al garillo y a la tijera. Los viñedos en vaso, prefiloxéricos o los más antiguos son vendimiados a mano. Vendimia ancestral para mimar las cepas más longevas de corta producción pero de altísima calidad. Cuando el sol comienza a apretar, la recolección se lleva a la bodega, conacho a conacho se vuelca en la mesa de selección y bajo atenta mirada, se seleccionan los mejores racimos, esos que darán lugar a los vinos de autor, los vinos de guarda, los vinos de más calidad de cada bodega.

Durante el día en las calles y plazas de los pueblos de toda  la Ruta del Vino de Rueda se comenta la evolución de la vendimia.En los corrillos se habla de kilogramos, de grados alcohólicos y de temperatura, se habla, incluso a veces de chascarrillos y de milímetros en caso de lluvia.  El tiempo parece detenerse y los días y las noches van pesando según avanza septiembre.

El territorio vive un continuo ir y venir que gira en torno a la vendimia y es que aquí se vive y se experimenta con el mismo fervor que se disfruta.

No deja indiferente a nadie, por su atractivo desarrollo, por el afán de las gentes. Altamente recomendada por los que ya la han experimentado, las bodegas y pueblos de la Ruta preparan jornadas en las que disfrutar de la vendimia, con actividades que permitan observar de cerca esta época dura del año, o disfrutar, a su fin, de fiestas con las que homenajear a este evento que mantiene en vilo, noche y día a todo un territorio.