Viñedos visitables, el origen del vino

La viticultura forma parte de esta tierra desde tiempos inmemoriales. Los primeros vestigios de la elaboración de vino en la zona se encuentran en el  siglo XI con la uva verdejo como protagonista. Desde entonces hasta ahora han pasado más de 1.000 años en los que nuestra historia se ha escrito con tinta de vino, 1100 años que los que la uva, de un modo u otro, siempre ha estado presente impregnando cada rincón de esta tierra. En las tradiciones y cultura popular, en la economía, en la forma de vida de nuestros habitantes, en las representaciones artísticas y religiosas o en la arquitectura; en cada manifestación de la vida encontramos muestras del importante legado vinícola vinculado a la uva verdejo. Y es que, amigos, Rueda es tierra de vino.

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anto es así que la vid ha impuesto un paisaje diferente en cada momento y el campo siempre ha sido un reflejo del devenir de nuestros vinos. En épocas de bonanza, la vid imperaba en una panorámica en la que el verde del viñedo ganaba espacio a los amarillos y ocres del cereal. En otros momentos más complicados para el viticultor, como la llegada de la filoxera, las tornas se cambiaron dejándonos fotografías con poca uva y mucho cultivo de subsistencia, siempre en un equilibrio adaptado en el que flora y fauna se mantienen en plena convivencia.

En las tradiciones y cultura popular, en la economía, en la forma de vida de nuestros habitantes, en las representaciones artísticas y religiosas o en la arquitectura; en cada manifestación de la vida encontramos muestras del importante legado vinícola vinculado a la uva verdejo.

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uizás este sea uno de momento singular en la historia, donde la cultura vinícola se palpa más que nunca. En nuestros campos, conviven viejas cepas en vaso -cuidadas con mimo y detalle- con viñedos modernos en espaldera, donde la innovación y la tecnología vinícola tienen mucho que decir. Mares de vid protagonizan nuestros paisajes en muy diferentes maneras, mostrando la sabiduría de siglos de tradición heredada y la nueva técnica fruto de años de estudio e investigación. Quizás también sea un momento importante para la ecología, esa que nuestros abuelos no cuestionaban -porque no concebían otro modo de entender el trabajo en el campo- y que ahora es tan necesaria para nuestro presente y futuro. Y es que Rueda es, hoy, un ejemplo muy interesante para los amantes del vino y la naturaleza.

Tras la visita a la bodega, donde el visitante conocerá la elaboración del vino desde la cepa hasta la mesa, siempre recomendamos una parada obligada en el bar del pueblo, donde los tertulianos habituales debaten sobre como el tiempo influye en los trabajos en la vid.

Nuestros visitantes pueden conocer de primera mano ese trabajo incesante en el campo, en el que no existen horarios comerciales ni festivos o vacaciones, una forma de vida en la que impera la climatología y el saber hacer y que gracias a la apuesta empresarial e institucional podemos conocer de cerca a través del Enoturismo. Como Javier Sanz Viticultor, que centra su actividad enoturística en la visita a sus viñedos centenarios, una rara avis inscrita en el registro agrícola en 1863 y que hoy en día constituye todo un tesoro para los amantes de la viticultura. O Campo Eliseo, con Francois Lurton a la cabeza, que entendió su apuesta por España desde la uva verdejo. Bodega Verderrubí y la familia Pita siempre tuvieron claro que el concepto ECO formaba parte de sus vidas, especialmente en el viñedo, al igual que Menade y bodegas como Diez Siglos de Verdejo, Ramón Bilbao, Cuatro Rayas, Reina de Castilla, Emina, La Soterraña, La Mejorada, Valdecuevas, Montepedroso, Viore o Castelo de Medina han sabido incorporar a su filosofía y a sus visitas el papel protagonista que el cuidado de la vid tiene en sus vinos.

Todos ellos abren sus puertas cada día para recibir a visitantes y mostrarles, a través de un paseo entre tierras cascajosas y verdes vides, su particular manera de entender el vino a partir de la tierra.

Tras la visita a la bodega, donde el visitante conocerá la elaboración del vino desde la cepa hasta la mesa, siempre recomendamos una parada obligada en el bar del pueblo, donde los tertulianos habituales debaten sobre como el tiempo influye en los trabajos en la vid, la dureza del invierno en la poda, la incertidumbre climatológica en primavera –con las amenazantes heladas tardías en la cabeza-, o  como el caluroso verano  va preparando la uva para la vendimia.  Sin duda, todo un ejemplo de como el vino influye en el día a día de nuestras gentes.