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La exposición “Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz: El encuentro” trae "La Napolitana" de Nicolás Fumo al Museo de las Ferias de Medina del Campo
06/11/2014

La exposición “Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz: El encuentro” trae "La Napolitana" de Nicolás Fumo al Museo de las Ferias de Medina del Campo

“Pieza del Mes” de noviembre – “Pieza Destacada” de la exposición “Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz: El encuentro

 

 

 

La Fundación Museo de las Ferias, en el contexto del XV Ciclo Expositivo “La Pieza del Mes”, ha seleccionado como segunda “Pieza Destacada” de la exposición “Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz: El encuentro” una escultura de la Virgen del Carmen atribuida a Nicola Fumo, de extraordinaria calidad artística, conservada en el monasterio de Carmelitas Descalzas de Medina del Campo, que fue en su día la imagen titular del desaparecido convento del Corpus Christi de Carmelitas Descalzos. Sigue el modelo iconográfico de Nuestra Señora “La Bruna” (“La Morena”) llegada a Nápoles desde el Monte Carmelo y, por esta razón, muestra un aspecto diferente de las Vírgenes del Carmen que contemplamos habitualmente, en su gran mayoría herederas de los modelos establecidos por Gregorio Fernández o los Maestros de Toro.

 

 

Virgen del Carmen, llamada “La Napolitana”

 

Nicola Fumo (1647-1725)

Última década del siglo XVII

Madera policromada / 82 x 33 x 24 cm

Monasterio de San José de Carmelitas Descalzas. Medina del Campo

 

 

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La actividad “La Pieza del Mes” está patrocinada por la Diputación de Valladolid

 

Más información e imágenes en: www.museoferias.net/nov2014.htm

y en el perfil de la Fundación Museo de las Ferias de Facebook

 


“Pieza Destacada” de la Exposición

Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz: El encuentro

 

 

Virgen del Carmen, llamada “La Napolitana”

Nicola Fumo (1647-1725)

Última década del siglo XVII

Madera policromada / 82 x 33 x 24 cm

Monasterio de San José de Carmelitas Descalzas. Medina del Campo

 

 

A pesar de los procesos desamortizadores del siglo XIX, algunas de las piezas más notables de los conventos masculinos permanecieron en propiedad de la orden a la que históricamente habían pertenecido, gracias a traslados que antes o después terminaron en las clausuras femeninas. Este fue el caso de la escultura de la Virgen del Carmen, procedente del convento de carmelitas descalzos de Medina del Campo, a la que siempre se profesó una particular veneración. De ello es buena muestra que tras la primera exclaustración, sufrida durante la invasión francesa, fuera escondida en la casa de los familiares de un religioso en la localidad de Villaverde, para devolverla a Medina, aunque fuera al convento de las descalzas, cuando se pensó que el peligro había pasado. El profundo valor que ambas comunidades concedían a la talla, volvió a ponerse de manifiesto con la celebración de una solemne procesión para llevarla al edificio que los frailes tuvieron que ocupar al restablecerse en la villa en 1815. Del mismo modo, es lógico pensar que serían los propios carmelitas quienes decidieron ocultarla en la clausura de San José cuando, poco después de veinte años más tarde, la legislación de Mendizábal decretaba una nueva y definitiva exclaustración.

 

Con independencia de la indudable calidad de la escultura, el singular aprecio que recibía se hace mucho más comprensible tras analizar su iconografía. En una orden siempre consagrada al culto a la Virgen, las que seguían modelos considerados históricos sin duda suscitaban  una particular devoción. En este sentido, la tradición defendía que la imagen del Carmen más antigua es una pintura que en la actualidad se fecha en el siglo XIII, supuestamente traída a Nápoles desde el Monte Carmelo y popularmente conocida como La Bruna (la Morena). De ella se hicieron numerosísimas copias que irían actualizando su aspecto, pero siempre respondiendo a una tipología que se ha denominado como Eleusa o de la ternura, por el gesto de María hacia su Hijo y la caricia que el Niño devuelve, colocando la mano derecha bajo la barbilla mientras que con la izquierda se agarra del velo.

 

Junto a las diferencias que exige el paso de una pintura de medio cuerpo a una talla completa en bulto redondo, el rasgo más singular en la obra de Medina del Campo se encuentra en el empleo en la indumentaria de María del hábito carmelita. Este distintivo, que al parecer no comienza a consolidarse en la escultura hasta comienzos del siglo XVII, en nuestra opinión pudo ser, al menos en un primer momento, un modo de expresar el éxito de la reforma de Santa Teresa. Por lo demás el resto de la imagen sigue con fidelidad el modelo, incluyendo la colocación del Niño con el rostro vuelto al espectador y la estrella en el manto sobre el hombro derecho de la Virgen (Stella Maris).

 

Tanto por el lugar en el que se encuentra el modelo como por los rasgos estilísticos, en una anterior ocasión propusimos su procedencia napolitana, también confirmada por la tradición del convento que la denominaba por su lugar de origen. Igualmente se propuso la atribución a Nicola Fumo, figura fundamental en el éxito de la escultura napolitana en las décadas cercanas al año 1700. Gracias a la finura que alcanzaba en el tratamiento de las telas, conseguía obras de gran vistosidad que tuvieron también una gran aceptación en España.

 

 

Manuel Arias Martínez y José Ignacio Hernández Redondo

Museo Nacional de Escultura

Sección: Notas de Prensa

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