Ruta del Vino de Rueda

AQUELLA FOTO, Premio Especial del Público en el concurso Pueblos y Sabores
31/05/2020

AQUELLA FOTO, Premio Especial del Público en el concurso Pueblos y Sabores


Premio Especial del Público, con 470 votos, en la categoría de Relato Corto.
Dotado con una enoescapada a la Ruta del Vino de Rueda

AUTORA:  PILAR ARÉVALO ALONSO

PALMA DE MALLORCA


Alfred acababa de llegar a Londres, procedente de Bath. Allí estudiaría su último curso de la universidad. Tenía ganas de acabar su carrera de Geografía y poder pasar un año sabático viajando. Encontró alojamiento en el Sureste de Londres, donde compartiría piso con otros dos estudiantes a los que no conocía aun.

Una vez instalado se dedicó a recorrer el barrio de Borough Market, que es donde iba a vivir. ¡Le encantó! Allí descubrió un sinfín de bares, restaurantes, pequeñas tiendas y galerías, junto al mercado de abastos que da nombre a la zona. Había puestos de todo: impresionantes pescaderías, carnicerías, puestos de panes, de quesos, de especias, de verduras y…¡hasta de vinos! Se sentía feliz, porque aparte de la geografía, lo que más le gustaba era cocinar y tomarse una copa de vino.

Al llegar a casa conoció a sus dos compañeros de piso. Una pareja compuesta por un francés, Pierre, y una noruega, Agnes, que acababan de llegar de Burdeos. Decidieron salir los tres a cenar a uno de los restaurantes que tenían cerca de casa.

Había sido un día soleado y aunque la luz se iba acabando pensaron en buscar un sitio que tuviera terraza. Lo que más les atrajo fue un bar de tapas. Pierre, ya había estado en lo que allí llaman un “tapas bar” y a los demás les pareció una idea brillante. Se sentaron justo en la única mesa libre que quedaba en la terraza.
Ahora venía el gran dilema, ¿Qué comer? Les apetecía probar todo, tenía muy buena pinta, aunque no les preocupó mucho porque sabían que volverían a este sitio. Pierre se encargó de pedir, todos comían de todo y su elección les pareció perfecta: Boquerones en vinagre, unos pinchos de tortilla de patata, choricitos fritos, croquetas, pimientos asados y pan con tomate. Para beber se les ocurrió pedir un vermut mientras les traían la comida y luego ya pedirían el vino.

Charlando y comiendo se pasaron las horas, hasta que ya a las 10 de la noche tuvieron que irse, porque el bar cerraba. ¡Cómo habían disfrutado! Alfred estaba encantado de la elección que tuvo que hacer, unos meses atrás, respecto a dónde vivir en Londres. Allí se sentía muy a gusto.

Pasaron los días y cada semana volvían al “Tapas Bar Terry”, donde iban conociendo gente de todas nacionalidades y sobre todo españoles. Un viernes al mes había músicos tocando la guitarra española. Alfred siempre había querido aprender a tocar un instrumento y pensó que ese sería su nuevo proyecto: tocar la guitarra, así que habló con Terry - el dueño del local - quien le puso en contacto con los músicos y una vez a la semana, con toda su ilusión, asistía a clases particulares de guitarra española. Aunque sentía que no avanzaba, Pepe, su profesor, le dijo que tuviera paciencia, que al principio siempre es así, hasta que de repente un día arrancas y tocas.
Mientras tanto, Alfred iba descubriendo a grandes maestros de la guitarra como Paco de Lucía o Andrés Segovia.

Alfred seguía concentrándose en sus clases, sus exámenes y sus proyectos de fin de carrera. Apenas tenía familia, no tenía hermanos, su padre había fallecido cuando él tenía seis años y su madre se había vuelto a casar y, aunque tenían muy buena relación, ahora ella vivía en Estados Unidos.
Alfred siempre recordaba, como algo muy lejano, el escaso tiempo que pasó con su padre. Como su madre siempre había trabajado, fue su padre quien se encargó de él desde niño. Tenía recuerdos lejanos y a veces le venían imágenes, como en sueños, de recuerdos, juntos los dos.

Esto fue lo que le sucedió un día escuchando una canción de Manuel de Falla: El Amor Brujo. Le sonaba, pensó que ya la había escuchado en el pasado, pero no sabía dónde ni cuándo.

Uno de los días que había tenido uno de los exámenes más duros, decidió invitar a sus dos compañeros de piso, Pierre y Agnes, a cenar en el “Terrys” (como lo llamaban) para celebrar lo bien que le había salido el examen. También quedaron con dos españolas, una de Segovia y otra de Cádiz, que habían conocido en uno de los puestos del mercado. Ese viernes aparte de música en vivo, había una degustación de vinos de la Denominación de Origen Rueda, eran de la bodega Hnos. Pisuerga.

Alfred no los conocía, pero Pierre, siendo de Burdeos, entendía mucho de vinos y, aunque no los había probado, sí que había oído hablar de ellos.

En la entrada había una chica muy guapa con un vestido rojo, tenía el pelo recogido en un moño y llevaba un abanico, se llamaba Paloma y era la encargada de promocionar el vino. Llamaba la atención y Alfred se sintió atraído en el acto, no lo dudó y se fue directo a ver a Paloma a probar uno de sus vinos. Ella le explicó el significado de la Denominación de Origen Rueda y la diferencia entre estos y otros vinos blancos.

El que más le gustó fue el Verdejo “Tierras Llanas”. Para impresionar a Paloma decidió pedir una botella y así sus amigos podrían probarlo también.

Paloma le había contado que la bodega Hnos. Pisuerga estaba haciendo una promoción y por la compra de una botella entrabas en un concurso, cuyo premio era un viaje por los pueblos vallisoletanos de la Denominación de Origen Rueda, y conocer lo que son las Fiestas de la vendimia, que se celebran en el mes de septiembre. Alfred pensó que sería una buena forma de empezar su año sabático, tal como tenía planeado al finalizar su carrera, así que aunque todos le dijeron que “esos premios nunca tocan” decidió rellenar la papeleta y probar suerte.

Fue una noche feliz, todos daban palmas acompañando a los músicos y, aunque en realidad lo hacían fatal, disfrutaron de esa noche española.

La semana siguiente, Alfred, sus compañeros de piso y sus amigas españolas, decidieron hacer una cena de tapas en su casa.
Poco a poco se iba sumergiendo en la cultura española. Ellas le enseñarían cómo hacer una buena tortilla de patata. Se fue al mercado y compró unas latas de mejillones en escabeche y anchoas, unas morcillas, un par de buenas barras de pan y algo para hacer una ensalada. También encontró un puesto donde vendían unas pastas de piñones de Pedrajas, con tan buena pinta que no pudo resistirse y las compró, todo un acierto porque fue el postre perfecto.

Pierre y Agnes se encargaban de la bebida. Callejeando se encontraron con una vinoteca donde se promocionaba el vino de Rueda “Tierras Llanas”, de la bodega Hnos. Pisuerga, justo el que habían probado en “Terrys”. Por supuesto compraron una botella y llevaron la papeleta para el concurso al ´iluso´ de Alfred.
Pierre iba a llevar también un excelente queso francés brie, que le habían regalado sus vecinos de Francia y pensó que sería un buen maridaje con el vino blanco de Rueda. ¡No se equivocó!

Fue una noche especial, incluso Alfred sacó la guitarra y tocó lo poco que había aprendido - la noche se convirtió en una velada muy Spanish. La amiga de Cádiz hasta les enseñó a bailar flamenco. Ni qué decir tiene que acabaron a las tantas….

Quedaban dos meses para terminar el curso y aunque no quería descentrarse de los exámenes, por su cabeza rondaba empezar su año sabático con un viaje por España.

Un día lluvioso recibió un email que le llamó la atención. Era de la Denominación de Origen Rueda, le comunicaban que en nombre de la bodega Hnos. Pisuerga, había ganado el premio de la promoción. Alfred no se lo podía creer, justo esa buena noticia en ese día gris...
Un viaje por tierras de Castilla y sobre todo ¡en la época de la vendimia! Estaba eufórico.

Se lo contó a sus dos compañeros, bajó al mercado a contárselo a sus amigas españolas y se fueron a celebrarlo al “Tapas Bar Terry”, evidentemente nada más llegar, los tres se tomaron un blanco de Rueda de los Hnos. Pisuerga, pero esta vez probaron el Sauvignon Blanc.
El vino de Rueda se había convertido en su vino favorito y sobre todo, si lo acompañaba de unas gambas y un poco de queso.

Terminó el curso y llegó el verano. ¡Qué ganas tenía de que llegaran estas dos cosas, y juntas! Aunque él esperaba sacar sobresaliente, se conformó con un notable, tuvieron la fiesta de graduación y decidió quedarse en allí el resto del verano, para aprovechar esas últimas semanas ya que en septiembre empezaría su año sabático con el viaje/premio, empezando por Valladolid capital.

Recorrió el sur de Inglaterra, la campiña, sus costas, aprovechando cada minuto e intentado aprender un poco de cada sitio y sus costumbres, ya fuera alguna anécdota curiosa, probando algún plato típico o visitando alguna iglesia significativa.

Mientras tanto leía y leía sobre Castilla, sus pueblos y tradiciones, sus vinos, sus castillos y monumentos, sus quesos y panes, sus dulces, incluso sus procesiones de Semana Santa, su noble historia y su gente.

Al fin llegó el gran día cuando Alfred volaría directamente desde Londres a Valladolid. Al aterrizar el sol y ese calor seco le enamoraron.

Una vez en el hotel, justo al lado del Campo Grande, le dijeron que por la noche le irían a buscar para llevarle a cenar. Qué sorpresa se llevó cuando llegada la hora, bajó a recepción y se encontró con Paloma, la guapa chica que estaba en “Terrys” en Londres. Ella sería quien le iba a acompañar en su viaje por Valladolid, sería su guía e intérprete.

Cuando Paloma le vio, al principio, no le reconoció pero luego cuando empezaron a hablar ella recordó su breve viaje a Londres y el “Tapas Bar Terry”. Se fueron a tomar algo al centro, cerca de la Plaza Mayor, Alfred no paraba de hacer fotos y alucinaba con la cantidad de bares que había y encima todos tenían su vino favorito: ¡el Verdejo!
Paloma le iba explicando todo sobre los blancos de esa zona, ya que sus abuelos, habían tenido una bodega hacía años en el municipio de Serrada. Después se fueron a tomar una copa a una concurrida terraza. Él miraba y escuchaba a todo el mundo a su alrededor con curiosidad, aunque no entendía nada de español, veía a la gente feliz y riendo, le gustaba el idioma, tenía un sonido que le resultaba muy agradable y cuando oía a Paloma hablar en español, le parecía de lo más “sexy”.

Al día siguiente empezaba la aventura por la ruta de la Denominación de Origen Rueda. Durante la semana visitarían varios pueblos en plena vendimia: La Seca, Rueda, Nava del Rey, Pozaldez, Olmedo y terminarían en Medina del Campo. Durante el viaje, a Alfred le llamó la atención la cantidad de cigüeñas y palomas que había en estos pueblos. También los grandes rebaños de ovejas, con su pastor y sus perros, que comían y comían pero no hierba, como en Inglaterra, ya que aquí los campos estaban secos.

Paloma le contó que toda esa zona estaba llena de bodegas y que hacía unas décadas se creó la Denominación de Origen Rueda, siendo la uva autóctona Verdejo la más famosa de toda la comarca. Uno de los días, Paloma le llevó a una finca con bodega de unos familiares donde tenía lugar la vendimia, que se hacía de noche. Le sorprendió que allí, las viñas estaban rodeadas de plantas aromáticas (tomillo, romero, etc), para que los `bichitos` no atacaran a las uvas.
Él pensaba en su amigo Pierre y lo mucho que hubiera disfrutado allí, siendo de Burdeos.

Alfred sentía no hablar español para poder charlar con los lugareños y que le contaran viejas historias de los pueblos y tradiciones populares, pero a la vez se alegraba, ya que así disfrutaba de compañía de Paloma, que era su intérprete.

La última noche la pasaron en Medina del Campo, al día siguiente era domingo, hacía un sol resplandeciente y había muy buen ambiente, ya que todos los comercios estaban abiertos. Paloma le contó algo curioso, en Medina del Campo los jueves es cuando cierran los comercios y abren los domingos porque es día de mercado.
Ya habían visitado el famoso Castillo de la Mota y ahora simplemente querían pasear por esta villa histórica y dar una vuelta por el mercado dominical. Después decidieron ir a una de las casas de comidas a comer el plato tradicional que Alfred nunca había probado: el famoso lechazo asado.

Paloma notaba que a él le gustaba y se sentía inquieta, ya que ella también sentía una cierta atracción hacia Alfred, pero tenia una relación con un chico de Madrid.
Ella se iba dando cuenta de lo bien que se lo pasaba con Alfred, de lo bien que se entendían y les gustaba estar juntos, había una complicidad especial entre ellos.

Una tarde, entre verdejo y verdejo, decidió que rompería con el madrileño y se concentraría en su relación con Alfred. A la vez, Alfred se daba cuenta, también entre vino y vino, de que no quería irse de Valladolid. Quería quedarse allí, conocer los pueblos de la meseta, impregnarse de su cultura, conocer más a Paloma y profundizar en el mundo del vino, de la gastronomía y de una región tan noble e histórica como Castilla.

Así que el último día de su viaje, cuando se suponía que tenía que regresar a Londres, le dijo a Paloma que no se iba, que se quedaba y que quería aprender español. Había oído en varias ocasiones que el mejor español se habla en Valladolid, así que ya tenía la excusa perfecta….

Habían estado 10 días juntos a todas horas, disfrutando de su compañía, de Valladolid, de sus vinos, su gastronomía y su cultura. Ambos decidieron brindar por su nueva etapa juntos tomándose un verdejo y unas tapas, justo igual que el día que se conocieron en aquel “Tapas Bar Terry” en Londres.

Desde que Alfred había llegado a Valladolid, los recuerdos e imágenes de su padre se hicieron cada vez más presentes, llegando a pensar que su padre, de niño, le había hablado de España y de los pueblos de Valladolid.

Alfred se sentía feliz de estar allí porque estaba seguro que en algún lugar, su padre era feliz también por saber que su hijo vivía allí, junto a Paloma.

Un día dando un paseo por el Campo Grande entendió todo. Se dio cuenta que él ya había estado allí, de niño.
Siempre había guardado una foto con sus padres cuando era un crío de cinco años, era su foto preferida. Esa foto fue tomada en el estanque del Campo Grande. Su padre le cogía en brazos mientras los tres disfrutaban de un paseo en barca a media tarde.

Cuando llegó a casa buscó la foto, la sacó del marco y vio que detrás ponía: Valladolid, 29/8/1991.

El premio de la Denominación de Origen Rueda y el viaje a Valladolid fueron dos cosas que marcarían la vida de Alfred el resto de su vida.

Con el tiempo Alfred aprendió español, compró una vieja bodega en La Seca y el año pasado hizo su primer vino: “La Barca”, un verdejo 100%, cuya etiqueta era su foto favorita de cuando tenía cinco años con sus padres.

La última añada es otro verdejo 100%, “Mi Paloma” *, con una foto idéntica a la anterior pero esta vez con él, Paloma y su primer hijo, que acaba de cumplir cinco años.

Los 3 son felices en La Seca.

Sección: Concursos

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